Discurso del Patriarca latino Fouad Twal en Belén (25 de Mayo del 2014)

Santo Padre,

Gracias por esta Eucaristía, celebrada tan cerca de la Gruta del Nacimiento del Señor.

Encuentro una armonía total entre Tu persona, Tu modo de gobernar, de hablar al mundo y el mensaje de Belén. Estás hecho a medida de este lugar, Tú encarnas a esta ciudad, Belén, la simplicidad, la transparencia, la comunión; lo Divino de encarna y se abaja a nuestro nivel humano para poder amar más.

Deseamos que tu visita a Belén haga revivir en el corazón de los hombres el mensaje de navidad, la paz y el calor de la gruta de Belén.

Deseamos que tu peregrinación ayude a cada persona a vivir la grandeza de la humildad de Belén, a reconocer la inutilidad de la arrogancia, la belleza de la infancia y de su inocencia.

Son muchos los niños que los grandes de este mundo han obligado a vivir errando, muchas veces abandonados: niños sin casa, sin padres, obligados a correr por las calles polvorientas de los campos de refugiados, porque no tienen ya casa ni techo que los proteja.

Son muchos los niños y pequeños, amigos del Niño Jesús, que escuchan las palabras dichas a María y a José: “no hay lugar para ellos en la posada”. No hay puesto para ellos en la política que decide sobre su suerte.

No hay lugar para ellos en la legislación y están ausentes en las tratativas para una paz que no encuentra un camino para llegar hacia nosotros, una paz que no es capaz de quebrantar los muros del miedo y de la desconfianza che circundan a esta ciudad. Nuestros jóvenes han experimentado, siguiendo las huellas del Divino Niño, la emigración, el hambre, el frío y frecuentemente también la demolición de sus propias casas.

Junto a Ti, Santo Padre, pedimos hoy al Niño Jesús que agrande su gruta para acoger a numerosos niños, víctimas de la violencia y de la injusticia. Como no recordar y rezar a tantísimos prisioneros que atestan las cárceles.

Hambrientos de un pedazo de pan, hambrientos de justicia y de paz, hambrientos de una casa, de un “Hogar” que los reciba. No han terminado de existir los Herodes modernos, que tienen más miedo de la paz que de la guerra, que tienen miedo de las familias sanas y están dispuestos a matar y continúan matando.

Santo Padre, antes de tu llegada llegó tu fama de hombre de Dios, de verdadero jefe, que sabe gobernar y al mismo tiempo es un verdadero hermano para todos. Nosotros, descendientes de los primeros pastores y recibiendo el mensaje de los ángeles, venimos contigo a Belén a adorar al Niño y a felicitar a sus padres.

Santo Padre, en nombre de la Asamblea de los Ordinarios Católicos, en nombre del pueblo palestino y en nombre de tantos queridos peregrinos, que en Belén se sienten en su casa, te decimos gracias por tu presencia hoy entre nosotros y junto a todos los niños de los varios centros de Belén, niños sanos, enfermos y discapacitados, Te aseguramos nuestra oración y nuestra adhesión.