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Discurso del Patriarca latino Fouad Twal en Getsemaní

Santo Padre,

A algunos metros de aquí, desde el Monte de los Olivos y contemplando la ciudad de Jerusalén, Jesús lloró.

Bajo nuestros pies, en el Jardín de Getsemaní, tuvo lugar la agonía del Maestro. Angustia que no ha tenido respiro y que continúa a través de la agonía de los pueblos y a través de todas las agonías del ser humano.

Jerusalén es la ciudad que une a todos los creyentes y que al mismo tiempo los divide, ciudad del Calvario, como también ciudad de la Resurrección y de la esperanza.

Santidad,

Siguiendo las huellas de Jesús, nos alegra estar con usted aquí para rezar, para vivir la agonía de los que sufren y quizás también llorar. Junto a Usted se reúnen una parte de nuestros queridos consagrados, religiosos, religiosas y seminaristas, representantes de un centenar de congregaciones. Ellos son nuestra fuerza y nuestra riqueza. Con sus vidas, sus cruces cotidianas y la alegría de ser consagrados, perpetúan con pequeñas dosis diarias, el misterio de la salvación, vida, cruz, muerte y resurrección.

Como Jesús en Getsemaní, nuestros queridos consagrados, parte integrante de la Iglesia local, con frecuencia se sienten solos y abandonados. A través de tu persona y de tu voz, pedimos al mundo cristiano y a nuestros hermanos obispos, más cercanía, solidaridad y sentido de pertenencia a esta Iglesia Madre.

Santo Padre, los consagrados y los seminaristas te rodean esperando que tu presencia entre nosotros les de esperanza, coraje y tu paternal bendición.

Discurso del Patriarca latino Fouad Twal en Belén (25 de Mayo del 2014)

Santo Padre,

Gracias por esta Eucaristía, celebrada tan cerca de la Gruta del Nacimiento del Señor.

Encuentro una armonía total entre Tu persona, Tu modo de gobernar, de hablar al mundo y el mensaje de Belén. Estás hecho a medida de este lugar, Tú encarnas a esta ciudad, Belén, la simplicidad, la transparencia, la comunión; lo Divino de encarna y se abaja a nuestro nivel humano para poder amar más.

Deseamos que tu visita a Belén haga revivir en el corazón de los hombres el mensaje de navidad, la paz y el calor de la gruta de Belén.

Deseamos que tu peregrinación ayude a cada persona a vivir la grandeza de la humildad de Belén, a reconocer la inutilidad de la arrogancia, la belleza de la infancia y de su inocencia.

Son muchos los niños que los grandes de este mundo han obligado a vivir errando, muchas veces abandonados: niños sin casa, sin padres, obligados a correr por las calles polvorientas de los campos de refugiados, porque no tienen ya casa ni techo que los proteja.

Son muchos los niños y pequeños, amigos del Niño Jesús, que escuchan las palabras dichas a María y a José: “no hay lugar para ellos en la posada”. No hay puesto para ellos en la política que decide sobre su suerte.

No hay lugar para ellos en la legislación y están ausentes en las tratativas para una paz que no encuentra un camino para llegar hacia nosotros, una paz que no es capaz de quebrantar los muros del miedo y de la desconfianza che circundan a esta ciudad. Nuestros jóvenes han experimentado, siguiendo las huellas del Divino Niño, la emigración, el hambre, el frío y frecuentemente también la demolición de sus propias casas.

Junto a Ti, Santo Padre, pedimos hoy al Niño Jesús que agrande su gruta para acoger a numerosos niños, víctimas de la violencia y de la injusticia. Como no recordar y rezar a tantísimos prisioneros que atestan las cárceles.

Hambrientos de un pedazo de pan, hambrientos de justicia y de paz, hambrientos de una casa, de un “Hogar” que los reciba. No han terminado de existir los Herodes modernos, que tienen más miedo de la paz que de la guerra, que tienen miedo de las familias sanas y están dispuestos a matar y continúan matando.

Santo Padre, antes de tu llegada llegó tu fama de hombre de Dios, de verdadero jefe, que sabe gobernar y al mismo tiempo es un verdadero hermano para todos. Nosotros, descendientes de los primeros pastores y recibiendo el mensaje de los ángeles, venimos contigo a Belén a adorar al Niño y a felicitar a sus padres.

Santo Padre, en nombre de la Asamblea de los Ordinarios Católicos, en nombre del pueblo palestino y en nombre de tantos queridos peregrinos, que en Belén se sienten en su casa, te decimos gracias por tu presencia hoy entre nosotros y junto a todos los niños de los varios centros de Belén, niños sanos, enfermos y discapacitados, Te aseguramos nuestra oración y nuestra adhesión.

 

 

Discurso del Patriarca Fouad Twal en el Sitio del Bautismo

Santidad,

nos encontramos en el corazón del Sitio del Bautismo, en esta iglesia construida gracias a la familia jordana Muashar, aquí presente, luego que el terreno nos fuera donado gratuitamente por el estado gracias a la amistad y a la generosidad de Su Alteza el Príncipe Ghazi Ben Muhammed Ben Talal.

Me alegra presentarte un grupo de niños y jóvenes, amigos del Niño Jesús, por el hecho de ser pequeños y por el hecho de representar a la humanidad herida en esta región de Medio Oriente.

Algunos son refugiados sirios, que han encontrado en Jordania un asilo acogedor. A través de Caritas Jordania, brazo derecho de la Iglesia y en colaboración con tantos otros organismos humanitarios, ellos han encontrado un corazón misericordioso que les ha salido al encuentro para ayudarlos.

Hay también otros jóvenes que sufren diversas enfermedades y son ayudados por la Princesa Rania, que en Jordania guía el Centro nacional de la lucha contra el cáncer. Ellos se alegran de ser objeto de Tu oración y de Tu Bendición.

Nuestra Iglesia, junto con el gobierno jordano, está orgullosa de presentar al mundo entero este lugar santo, donde tuvo lugar el Bautismo de Jesús y donde comenzó la vida pública de Nuestro Señor.

Siguiendo tus pasos, invitamos al mundo cristiano a visitar este lugar y a conocer mejor las raíces de nuestra vida eclesial. Para muchos este río es una frontera, para el Patriarcado Latino que comprende Chipre, Israel, Palestina y Jordania se trata más bien de un puente que une, una llamada a la comunión y a la unidad.

Sobre estos niños, sobre este Lugar y sobre nuestro país pedimos tu paterna Bendición.

Discurso del Patriarca latino Fouad Twal en Amán

Santo Padre,

Nuestra alegría es grande porque encontramos en tu persona la verdadera Persona, Jesucristo, que hoy está en medio de nosotros que somo descendientes de los primeros cristianos quienes, como se narra en Los Hechos de los Apóstoles, El día de Pentecostés se habían reunido junto con los creyentes de todo el mundo.

Jordania, guiada por el sabio rey, Su Majestad Abdala, celebra hoy con orgullo la fiesta de la independencia. El gobierno y el pueblo y con ellos tantas instituciones educativas y sociales te dan la bienvenida para que Tú puedas confirmar en la fe a tus hermanos, pastores y fieles.

¡Santidad! Durante tu visita te darás cuenta de cuántos retos debe afrontar la Iglesia de Jerusalén. De esta diócesis, Jordania representa la parte más grande: más familias, más instituciones, más sacerdotes y seminaristas sin que falten tantos desafíos.

Tierra Santa conoce demasiadas divisiones. La Iglesia Católica local, de manera particular el Patriarcado Latino de Jerusalén, realiza un gran esfuerzo de unidad en su interior, entre las Iglesias y toda la población. Somos una Iglesia pequeña, pero una Iglesia che escucha, acompaña y colabora, según sus modestas fuerzas, en un camino de conversión, porque estamos “en un estado permanente de conversión” (cf. E.G. 25).

Sólida fue la fe del Patrono de Jordania, San Juan Bautista, martirizado a pocos kilómetros de aquí. Su fe firme le daba el coraje de señalar y decir a los grandes de este mundo “no tenéis derecho” de hacer tal cosa, de legislar injustamente.

Jordania y la Iglesia en Jordania es pequeña, de extensión reducida y exigua en número de habitantes, pobre en fuentes de riqueza, en una situación de pobreza que remonta a los tiempos de San Pablo. Pero Jordania es rica por su elemento humano, llena de buen sentido, rica de vocaciones sacerdotales y religiosas, ejemplar en la hospitalidad hacia los extranjeros, los oprimidos, los refugiados y hacia los que buscan trabajo.

Junto con la Hermanas del Rosario, única fundación religiosa autónoma, empeñada en el sector educativo en todo el mundo árabe, esperamos que Su Santidad pueda anunciar lo más pronto posible la canonización de la fundadora, la Beata María Alphonsine Ghattas.

La Iglesia en Jordania, con todos sus miembros: jordanos, palestinos, refugiados sirios, asiáticos y árabes de todo Medio Oriente, encuentra en Tu persona el Padre que ama y escucha, el Padre que comparte con nosotros también nuestras cruces cotidianas, entre las cuales la emigración hacia el mundo árabe o hacia América del Norte. No hay familia que no tenga un hijo en el exterior. La emigración de los jóvenes más preparados y competentes equivale a una verdadera hemorragia humana.

Frente a Ti hay algunos de nuestros fieles, algunos pequeños que desean tomar la primera comunión y la Bendición Apostólica.

Aquí en Jordania cristianos y musulmanes vivimos en armonía y reconocemos en Tu persona al Señor que recorrió esta tierra haciendo el bien.

En Tu persona vemos también la hermosa figura de San Juan Bautista, patrono de Jordania. Tú eres, el Bautista de este siglo, que prepara el camino al Salvador y exige la conversión del corazón, que alza la voz contra toda injusticia y toda violencia.

Santo Padre, tenemos tanta necesidad del coraje de tu voz serena y fuerte. Te agradecemos por esta voz que tanto defiende a los pobres y a los débiles.

En esta eucaristía queremos rezar por la paz y por tu querida persona.